En el año 2000 asistí a un curso de verano en Tudela donde no recuerdo qué ponente habló de que Internet debía moverse hacia la televisión, porque era el objeto más común en los hogares. Él veía claro que la penetración sería tremenda, no sólo por ser fácil de manejar, sino porque la gente pasa delante de la caja tonta muchas horas. Las cifras cantan, y además, asustan.
Aunque la conexión de la televisión con Internet en España todavía parece cosa de meigas, no tardará en llegar. Con ella los problemas de privacidad de Internet se trasladarán a todos los hogares sin excepción. Si ahora es muy interesante para los medios de comunicación conocer qué estamos viendo y a qué hora, imaginemos si tienen en sus manos un instrumento que les proporciona esa información sin esfuerzo y además, muy refinada, referida al individuo. Porque claro, en casa cada uno podrá disponer de un perfil diferente para ver la televisión.
Las empresas de televisión por cable y satélite llevan tiempo trabajando en tecnologías para emitir anuncios lo más personalizados posible, como cuenta el WSJ. Pero vamos más allá todavía: la empresa Flingo, teniendo en cuenta que hay mucha gente que cuando ve la televisión, se pone a navegar, ha desarrollado una tecnología que envía información de lo que estamos viendo en la tele a un servidor que identifica el contenido. Si utilizamos la misma conexión con nuestro portátil, iPad u otro dispositivo, las páginas web podrán adaptar su contenido, anuncios y ofertas al contenido televisivo, ya sea de un canal, o de un DVD que estemos viendo.
Ya no es el llamado Internet de los objetos. En este caso vamos un pasito más allá, es el objeto retransmitiendo en directo información sobre mis preferencias a Internet.
Preparémonos, porque vamos a ser espiados hasta por la lavadora y el tostador. No es broma.
En diez años de profesión he visto que la percepción de esta «cosa nostra» de la protección de datos por las empresas es bastante negativa. En el mejor de los casos, se lo toman como un mal menor, como algo que hay que solucionar gracias a que existe una obligación legal y porque se está expuesto a grandes sanciones. No es una novedad. A veces menciono que esa percepción merece que se califique a esas empresas de prehistóricas en relación a la LOPD, porque ya llevamos un tiempecito hablando de la Sociedad de la Información, y resulta que entre esa información, lo que se está tornando cada vez más valioso son los datos de los clientes. No hay más que tirar de literatura empresarial, todo gira en torno al cliente.